Las virtudes de las patatas
3 de Mayo de 2010.- Las patatas con un alimento muy común en la dieta de la mayoría
de la población europea. Sin embargo, a veces pasamos por alto los aportes nutricionale de este alimento tan básico. Para empezar existen diferencias nutricionales considerables entre los distintos platos de patatas, dependiendo de cómo se cocinen. Esto puede influir en la manera que tienen los consumidores de percibir este alimento. Lo que caracteriza a la patata es que combina las características de los alimentos ricos en almidón con las de las verduras.
Las patatas se empezaron a importar de Sudamércia en el siglo XVI y tardaron otros 150 años en convertirse en uno de los alimentos básicos de Europa. Actualmente donde más se consumen es en Europa Central y del Este.
Aspectos nutricionales importantes sobre el papel de la patata en una dieta sana y equilibrada
1.- Las patatas cocidas o asadas son un alimento prácticamente libre de grasa. Los carbohidratos con los principales nutrientes energéticos presentes en las patatas que se encuentran en forma de almidón. Son una fuente de energía del organismo y deberían de representar como mínimo la mitad del consumo diario de calorías.

A los niños les gustan de forma innata los sabores dulces y no suelen gustarles los alimentos agrios o amargos. Pero las preferencias de los bebés también suelen estar influenciadas por lo que come la madre durante el embarazo y la lactancia. En un estudio realizado entre hijos de madres que habían consumido regularmente zumo de zanahorias durante todo el embarazo y la lactancia, se comprobó que estos ponían menos cara de disgusto al ingerir cereales con sabor a zanahoria en comparación con otros sin sabor añadido. Por consiguiente, si una mujer embarazada consume una dieta variada, rica en verduras, su hijo/a podría apreciar más sabores distintos que un niño únicamente expuesto a un número reducido de alimentos diferentes durante el embarazo y la lactancia.
La palabra «queso» es sinónimo de Europa. Parmesano y Morzzarella de Italia, Gouda de los Países Bajos, Azul Danés de Dinamarca, Brie y Camembert de Francia, Feta de Grecia; la lista es muy extensa. De hecho, los países europeos están a la cabeza, tanto de la producción como del consumo mundial de este producto tan popular.
A los bebés les gusta el sabor dulce, independientemente de la dieta de la madre durante el embarazo. Las preferencias alimentarias de niños y adultos por las sustancias edulcorantes vienen definidas por sus propias experiencias alimentarias y, por lo tanto, varían considerablemente de una persona a otra. Actualmente existe toda una gana de edulcorantes en el mercado que proporcionan sabor dulce sin la energía asociada al azúcar. En este gran grupo de compuestos se incluyen edulcorantes como el aspartamo, el acesulfamo K, la sacarina, la sucralosa y los glicósidos de esteviol que tienen un sabor varios cientos de veces más dulce que el azúcar. Como sólo se requiere una cantidad muy pequeña para lograr un sabor dulce, su aportación calórica es insignificante en comparación con el azúcar. A diferencia de otros edulcorantes, los glicósidos de esteviol ofrecen como ventaja adicional su origen totalmente natural, igual que el azúcar.
ha convertido en el cuarto país de la Unión Europea con mayor número de niños con problemas de sobrepreso lo que supone un hecho alarmante en una sociedad que presume de tener la mejor dieta del mundo, la mediterránea.
Los estudios realizados han demostrado que las cantidades de cafeína que se consumen normalmente en bebidas como el té, café y los refrescos de cola no incrementan la pérdida de fluidos. Sin embargo, la cafeína tiene un efecto diurético si se consume en cantidades superiores a los 250 mg al día, y por consiguiente, puede provocar la mayor pérdida de agua y, posiblemnte, su déficit en el cuerpo (este efecto puede ser menos pronunciado en consumidores habituales de cafeína). Por ello, el agua que obtenemos de las bebidas con cafeína puede contribuir a nuestra cantidad total de fluidos si se consumen con moderación. Las autoridades nacionales recomiendan un consumo procedente de bebidas de al menos 1.2 litros (4-6 vasos) para los adultos. Esta cantidad se añadiría al agua que obtenemos de los alimentos y de nuestro metabolismo para reparar la pérdida de líquidos a través de la orina, las deposiciones, la sudoración y los pulmones.